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jueves, 2 de septiembre de 2021

El tonto de pueblo: ¿realidad o mito?

En un país como España, que ha experimentado durante más de 50 años movimientos migratorios internos del campo a la ciudad (o lo que es lo mismo del pueblo a la urbe), las personas que habitan el mundo rural ajenas a las presiones migratorias son percibidas como singulares, fuera de la norma, diferentes o directamente como tontas.

Tan extendida es esta visión de los habitantes de la España rural, que son muchas las películas de nuestra filmografía que parodian a la gente de pueblo, retratándola como paleta, simple, inadaptada o idiota. Desde "La ciudad no es para mi" de Paco Martínez Soria hasta el anuncio "Fauna Fanta" de la empresa de refrescos, se cuentan por decenas las producciones audiovisuales que han utilizado la figura del pueblerino o el gañán como bufón o personaje risible.

Pero esta figura del tonto de pueblo... ¿tiene algo de cierto o es pura fantasía?


¿Buen hombre o gañán?


Ora et labora

La mayor parte de la gente que abandona el pueblo para irse a vivir a la ciudad lo hace por motivos de estudios durante la juventud o bien ya en la etapa adulta por motivos laborales, con el fin de encontrar un trabajo que permita mejorar las condiciones que ofrecen los empleos del mundo rural. 

Esto ocurre a pesar de que en los pueblos hay bastante trabajo: agricultura, ganadería, cuidado de personas, pequeñas industrias, pymes de servicios, empleo público, etc. No obstante, la gente no suele permanecer en el pueblo ocupando estos puestos, prefiriendo emigrar a las ciudades en busca de otros empleos menos esclavos, más sofisticados, con mayor proyección de futuro (ascensos), o más lucrativos.   

Simplificando mucho la cosa, incluso tal vez demasiado, he detectado la existencia de cinco grupos de habitantes de la España vaciada a nivel laboral

1. Los trabajadores del campo (agricultura, ganadería, sector forestal, etc.). Son empleos duros, con largas jornadas de trabajo y sometidos a las inclemencias del tiempo. La emigración masiva de la población hacia las ciudades ha facultado que estos trabajadores dispongan de más terrenos a explotar de forma gratuita o a un precio reducido y sus productos son cada vez más preciados por las masas urbanitas, por ser la antítesis de la producción industrial. Por todo ello, las retribuciones de estos trabajadores son elevadas, aunque van unidas a una vida de esfuerzo y sacrificio. 

2. Los profesionales y empresarios del sector servicios (bares, tiendas, peluquerías, panaderías, etc.). Al igual que el grupo anterior, son puestos de trabajo que requieren amplias jornadas de trabajo, esfuerzo continuo, elevadas capacidades de adaptación y trato con el público. Son puestos que permiten vivir dignamente, pero conllevan dosis altas de constancia, innovación y esfuerzo.

3. Los ocupantes de empleos residuales (bolsas de empleo temporal de ayuntamientos y mancomunidades, economía sumergida) y perceptores de ayudas o subsidios. A diferencia de las dos categorías anteriores, en este caso el esfuerzo no es un factor determinante. Se configuran como situaciones parche, temporales, en las que la falta de continuidad o expectativas de futuro desincentivan el sacrificio. No obstante, en ocasiones se suceden o simultanean varias de estas figuras (bolsa de trabajo temporal - prestación por desempleo - trabajo en negro - ayudas sociales) e incluso se cronifican formando ciclos. Las retribuciones son bajas, aunque permiten la supervivencia. Más aún si tenemos en cuenta que en los pueblos se gasta menos que en las ciudades y que existen muchas viviendas desocupadas, por lo que la gente suele vivir en viviendas heredadas o de familiares, evitando así el elevado gasto en vivienda que existe en las ciudades. 

4. Los empleados públicos (trabajadores fijos de ayuntamientos, mancomunidades, etc.). Son empleos muy excepcionales y preciados en el ámbito rural, ya que aunque escasos, son los únicos capaces de asegurar unas retribuciones estables y salarios dignos pase lo que pase. Con el transcurso de los años, estos empleados públicos tienen riesgo de convertirse en la vieja guardia que retraté en mi entrada Los FHCN y el personal de la vieja guardia.

5. Los jubilados. La población más numerosa en el ámbito rural, ya que la población de la España vaciada está fuertemente envejecida. Sus retribuciones son diversas en su cuantía, pero tan seguras como las de los empleados públicos. 

De estos cinco grupos de trabajadores, los números 2, 4 y 5 (profesionales y empresarios del sector servicios, empleados públicos y jubilados) son también comunes al ámbito urbano, compartiendo características muy similares en ambos entornos. Los del grupo 1 (trabajadores del campo) no están presentes en las ciudades por la peculiaridad de su lugar de trabajo, pero tienen características similares a otros puestos de trabajo típicamente urbanos (como los trabajadores de la industria, por ejemplo, que requieren igualmente jornadas amplias o a turnos y trabajo esforzado). 

Diferente es el caso de los ocupantes de empleos residuales y perceptores de subsidios (grupo 3). Este grupo de población, escasa en el ámbito urbano, es más numeroso y habitual en la España rural. En las ciudades, el coste de la vida es más elevado (hipotecas, alquileres, gastos de comunidad, transporte, etc.) y es muy difícil vivir con un empleo residual, lo cual si es factible en los pueblos por el menor coste de vida, la innecesariedad de adquirir una vivienda y por la mayor protección que constituye el ámbito familiar.

Son gente que prefiere ganar menos, pero llevar a cambio una vida más tranquila y apacible que la que ofrecen las empresas o las ofertas laborales propias de las ciudades.

Desde el punto de vista de la gente urbanita, obsesionada con la producción, la productividad y la maximización de beneficios, este perfil de trabajador es gente conformista, sin ambición, tonta. Son la personificación de los dichos españoles "ande yo caliente y ríase la gente" o "dame pan y dime tonto"; puede ser por ello que los urbanitas los identifican como los tontos de pueblo.   


Ande yo caliente y ríase la gente


La España vaciada como forma de vida

Todas las características anteriormente descritas como propias de los trabajadores de empleos residuales o perceptores de ayudas o subsidios, corresponden a un sector de la población rural que ha encontrado en la despoblación del mundo rural su forma de vida. 

No solamente saben aprovechar todos aquellos instrumentos que las instituciones han puesto en marcha para luchar contra el fantasma de la despoblación (bolsas de trabajo temporal, ayudas, subsidios, etc.), sino que sus reivindicaciones van más allá. 

Su aspiración máxima es percibir una retribución únicamente por el hecho de habitar la España vaciada. El deber de trabajar o de tener que cumplir algún objetivo para poder percibir su ingreso es lo de menos, lo importante es que el sistema les garantice un ingreso mensual simplemente por el hecho de vivir en el ámbito rural. 

Pero aparte de reclamar ingresos, también reclaman exenciones fiscales. Lo hacen cuando se les notifican liquidaciones del Impuesto sobre Bienes Inmuebles o del Impuesto sobre Construcciones, Instalaciones y Obras y, sorprendidos, exclaman: ¡pago demasiado por una vivienda que no vale nada y no tiene ninguna salida! o ¡el ayuntamiento me tendrían que pagar a mi por reformar la vivienda!   

Esta reivindicación de los habitantes de la España rural ha calado hondo, e incluso ya fue recogida por algunos partidos políticos en sus programa electorales para las elecciones generales de 2019, como por ejemplo por Ciudadanos: 

Rivera: 'Una de las primeras medidas que tomaré si soy presidente del Gobierno será un Pacto de Estado contra la Despoblación'

La rebaja fiscal de Cs contra la despoblación beneficiaría a 700 municipios de Aragón


Los neorrurales, una figura controvertida

Analizamos ahora a ese grupo de la población que, bien con anterioridad o durante la pandemia, decidieron abandonar el entorno urbano para instalarse y repoblar la España vaciada. 

Básicamente hay 3 grupos de neorrurales: los que vienen en busca de los empleos residuales, ayudas y subsidios de los que hablábamos anteriormente (España vaciada way of life), los que llegan con idea de emprender un negocio y los que se mudan al pueblo con un empleo propio susceptible de teletrabajo. 

Sean de un grupo u otro, los neorrurales son recibidos con suspicacia por los oriundos del lugar. Si vienen en busca de los empleos residuales, ayudas y subsidios, porque son competidores directos en la lucha por unos recursos escasos; si vienen con idea de emprender un negocio, porque "ahora van a venir estos a enseñarnos cómo hacer las cosas" y si vienen con empleo propio por teletrabajo, porque "vienen buscando una experiencia bucólica y se irán tan pronto como se les pase".


Neorrural con posibilidad de teletrabajo


El hecho es que los neorrurales suelen coincidir en el testimonio de que sus inicios en pueblos de la España vaciada no fueron para nada fáciles. 

Los neorrurales que vienen en busca de empleos residuales, ayudas y subsidios se encuentran con la oposición de aquellos vecinos establecidos que han encontrado en este ámbito su forma de vida. Estos habitantes, reclaman la preferencia del vecino originario del municipio frente al forastero (o nuevo vecino) para empleos o ayudas y denuncian que el ayuntamiento ayude o contrate a algún nuevo residente en el municipio en lugar de al oriundo.

Los neorrurales que vienen con idea de emprender confiesan que los vecinos del municipio critican salvajemente sus negocios, las ayudas que puedan obtener para la apertura y establecimiento de los mismos y les boicotean. Esta población originaria teme, al mismo tiempo que rechaza, que otras personas emprendan y triunfen en un lugar en el que ellos mismos no fueron capaces de percibir o aprovechar la oportunidad.

Los neorrurales que vienen al pueblo con idea de teletrabajar no lo tienen mucho más fácil. Suelen ser profesionales o personas con elevada formación y un perfil que choca bastante con el estilo y la forma de vida de los oriundos del municipio. La gente del pueblo piensa de ellos que no trabajan o que están de año sabático y que vienen al pueblo como quien va de safari. 

En resumen, los neorrurales declaran que es muy difícil sentirse y ser considerados por el resto de la población del municipio como vecinos "de toda la vida", con todos los derechos y deberes que ello conlleva. Y esto hace que a mucha gente se le quiten las ganas de seguir poblando la España vaciada una vez aterrizan y anida en ellos este sentimiento. 

Aunque parezca mentira, la gente de los pueblos que padecen en mayor medida el fantasma de la despoblación, muchas veces no son capaces de percibir en los neorrurales su oportunidad de echarle freno a este problema y revertir la situación. 



En conclusión: ¿existe o no existe el tonto de pueblo? 

Pues a ver, en mi opinión, una persona que decide vivir su vida de forma más apacible y calmada, sin grandes gastos o aspiraciones y trabajando lo imprescindible para poder ir tirando, que sabe aprovechar las herramientas institucionales para conseguirlo, que reclama rebajas fiscales para pagar menos impuestos y que defiende con uñas y dientes sus fuentes de ingresos frente a posibles adversarios... tonto no me parece que esté. ¿Que es una forma de vida muy reduccionista o sencilla? Puede ser, pero como cualquier otra forma de vida debe ser respetada como una decisión voluntaria, libre y personal.   


Huellas de "tonto de pueblo" cerca


Y vosotros/as... ¿también habíais percibido la España vaciada way of life en vuestros municipios? ¿algún neorrural os ha contado amargamente sus primeros días en un minicipio? ¿habéis vivido estas experiencias en vuestras propias carnes? ¿existe o no para vosotros el tonto de pueblo?


¡Nos leemos!

lunes, 2 de marzo de 2020

Las prestaciones personal y de transporte ¿anacronismos legales?

Los artículos 128 a 130 del Texto Refundido de la Ley Reguladora de las Haciendas Locales, aprobado por Real Decreto Legislativo 2/2004, regulan las prestaciones personal y de transporte de los ayuntamientos como dos recursos más de los municipios. 

Para quien no lo sepa, las prestaciones personal y de transporte son recursos de las haciendas locales que se pueden establecer en municipios de hasta 5.000 habitantes a través de ordenanza fiscal. Pueden imponerse de forma separada una u otra prestación o incluso simultáneamente, pues la ley determina que son compatibles entre sí. Consisten en la obligación de prestar servicio personal o con un medio de transporte afecto a una explotación empresarial por parte de las personas físicas residentes (en el caso de la prestación personal) o de las personas físicas y jurídicas residentes (en el caso de la prestación de transporte), y siempre para la realización de obras de competencia municipal o que hayan sido cedidas o transferidas por otras entidades públicas. 

Esa es la teoría, pues en la práctica solamente nos acordamos de estas exóticas figuras cuando redactamos las pruebas tipo test de las oposiciones, a fin de preguntar cuestiones clave como hasta qué tamaño de población pueden exigirse dichas prestaciones, por qué importe pueden ser redimidas a metálico dichas prestaciones, cuántos días puede durar como máximo dicha obligación o quienes están sujetos a tal prestación. Saberes fundamentales e imprescindibles para cualquier auxiliar o administrativo que se precie vaya, sobre todo si tenemos en cuenta la conexión entre el tipo de pruebas a superar y la adecuación al desempeño de las tareas de los puestos de trabajo convocados que exige el Texto Refundido del Estatuto Básico del Empleado Público, aprobado por Real Decreto Legislativo 5/2015. 

Pero en la vida real estas figuras rara vez se dan. Han quedado petrificadas en el tiempo como figuras legales fósiles, olvidadas, arrinconadas y en muchas ocasiones no expresamente derogadas aunque no se apliquen (os sorprendería la cantidad de portales de transparencia en los que aparecen ordenanzas reguladoras de estas prestaciones). 

Pero en la cabeza de un edil o concejal del siglo XXI, estas figuras no tiene cabida. Suenan como el diezmo eclesiástico o el derecho de pernada del señor feudal («ius primae noctis» = «derecho de la primera noche») y no pueden tener cabida en la época de la transparencia, la administración electrónica, el gobierno abierto y las smart cities. 

Prestaciones personal y de transporte
en vigor, esperando su gran momento
 

La despoblación y la necesidad de transporte

En los últimos tiempos, y como consecuencia de la despoblación que padece el mundo rural, la necesidad de transporte está siendo cada vez mayor. Al reducir los municipios su población, las empresas que prestan el servicio de transporte de pasajeros a otras ciudades o capitales de provincia reducen su frecuencia de paso. Y si la población desciende aún más, las empresas de transporte al final dejan de hacer parada en dichas poblaciones. Y con ello, la despoblación no hace más que acelerar el ritmo.

Posteriormente, cuando ya no pasa ningún medio de transporte por el municipio y la escasa población es cada vez más y más anciana, la necesidad de contar con un medio de transporte para dicha población se hace más acuciante. Lo necesitan para trasladarse a otras ciudades cercanas para ir al médico especialista, para sacar dinero en el banco, para hacer pequeñas compras o para hacer trámites administrativos, pues gran parte de dicha población no conduce o no debería conducir por las carreteras peligrosas y llenas de curvas de la España vaciada. 

Es entonces cuando los microayuntamientos recuperan la figura de la prestación de transporte, pero en su versión modernizada (una especie de prestación de transporte profesionalizada y revisitada): ponen una furgoneta o minibús del ayuntamiento, contratan a un/a conductor/a y así trasladan a los vecinos ciertos días a la semana a hacer sus "recados" a las poblaciones colindantes o bien contratan directamente los servicios de taxistas profesionales para dicha finalidad. Ya no es la prestación de transporte que prevé la norma reguladora de las haciendas locales, con sus cambios constantes de conductores, de vehículos, con la falta de profesionalidad y posiblemente de disciplina de ciertos vecinos conductores obligados, etc. Pero en el fondo, es más de lo mismo, porque los recursos que antes ponían los vecinos para la prestación del servicio, ahora también los ponen los mismos vecinos, aunque en forma de impuestos y con la posibilidad de establecer un copago por uso. Se trata de una última medida desesperada contra la despoblación, porque una población mayor e incomunicada no puede tardar mucho en mudarse a casa de un familiar en otro municipio o a una residencia de ancianos. 

Veamos dicho proceso con casos reales:

1º Reducción de la frecuencia de paso de los medios de transporte interurbanos: Pueblos sin transporte público: llega el siguiente paso de la despoblación


3º Prestación directa o indirecta por el ayuntamiento del servicio de traslado de vecinos a municipios cercanos para satisfacer necesidades médicas o administrativas: Cinco consultorios llevan más de un mes sin atención médica 


Un coche para frenar la despoblación (servicio prestado por Cruz Roja)

Alcalde al volante en maniobra de adelantamiento
a la despoblación

Falta de intervención pública, posibilidad de iniciativa privada

Pero no todos los pueblos cuentan con los medios económicos y personales para poner en marcha el servicio de traslado de sus vecinos/as a otras ciudades cercanas. Es en esos casos en los que cabría que los consistorios aplicaran la prestación personal y de transporte para lograr sus objetivos, pero gracias a las aportaciones y medios de sus vecinos. 

Otra alternativa a la de trasladar a los vecinos las ciudades cercanas, es que las ciudades vayan a los vecinos. Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. Y esto puede conseguirse gracias al surgimiento de iniciativas privadas como esta, que suplen la carencia:



Se trata de una empresa familiar de logística que se dedica a distribuir productos desde la capital a los los pequeños municipios de Soria, cubriendo todas las necesidades de su población, desde productos de alimentación hasta servicios a demanda. Y lo mejor de todo, lo consiguen a un precio equivalente al que supondría adquirir dichos productos o servicios en la misma capital. Sin duda, una iniciativa perfecta para luchar contra la despoblación y emprender en el mundo rural. 


No estaban muertas, estaban de parranda

Si de la lectura anterior alguien había deducido que las prestaciones personal y de transporte estaban muertas, nada más lejos de la realidad. Durante la preparación de esta entrada, me he preguntado a mi mismo si existe algún municipio que todavía aplique dichas figuras, y he estado buscando ordenanzas fiscales reguladoras de esas prestaciones aprobadas ya en pleno siglo XXI. Y aunque no muchas, alguna sí he encontrado. 

Os dejo a continuación dos enlaces de ordenanzas fiscales reguladoras de las prestaciones personal y de transporte que fueron aprobadas después de la entrada en vigor del Real Decreto Legislativo 2/2004, Texto Refundido de la Ley Reguladora de las Haciendas Locales:



Me hubiera gustado culminar la investigación contactando con dichos ayuntamientos y preguntando si realmente las aplican y cómo las articulan.


Por último os dejo con la interesante entrada que el compañero secretario Ignacio Pérez Sarrión escribió sobre estas prestaciones en el año 2013, y en el que contempló dichas figuras como una posible vía de hacer frente a la escasez económica que padeció nuestro país con la crisis económica y financiera de 2007 y para que todo el mundo contribuyera en la medida de sus posibilidades al interés común: Peláez, es usted voluntario para servicios mecánicos. Una lectura muy interesante, tanto por su opinión al respecto como por venir de un testigo presencial de la aplicación de dichos recursos municipales en la vida de un ayuntamiento. 

¡Nos leemos! 

Cuentan que si entras en el portal de transparencia con
todas las obligaciones de la OVELL cumplidas, puedes encontrar
prestaciones personales y de transporte así de animadas

domingo, 1 de septiembre de 2019

El desastre de la planta municipal española

En el temario de las oposiciones a Secretaría-Intervención, hay un tema que trata someramente el problema de la planta municipal, explicando que en España existen más de 8.000 municipios de muy diferente tamaño y población, y que mientras en los municipios pequeños el problema reside en que no disponen de suficientes recursos para prestar servicios de calidad a los ciudadanos, en los municipios grandes el problema radica en garantizar la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos. 

En el temario de las editoriales se determina que el problema de la falta de recursos suficientes para la prestación de servicios públicos de calidad que padecen los municipios pequeños, puede solventarse mediante fórmulas asociativas de prestación (comarcas, mancomunidades, consorcios) y gracias a la asistencia y cooperación de las provincias, así como a través de la fusión de ayuntamientos, que fue potenciada, entre otras iniciativas, por los Programas de Estabilidad 2012-2015 y de Reformas 2012. También se determina en dicho temario que el problema de los municipios más grandes puede solventarse a través de órganos territoriales de gestión desconcentrada (Juntas Municipales de Distrito, representantes del alcalde en poblados o barriadas) o mediante las figuras del alcalde pedáneo y las asambleas vecinales en las entidades locales de ámbito inferior al municipio. 

Os cogí mucho cariño pero...
¡ya no os necesito!

La realidad municipal actual

Conocida la teoría, veamos a continuación la situación actual de nuestra organización municipal. 

Según las cifras oficiales de población resultantes de la revisión del padrón municipal a fecha 1 de enero de 2018, facilitadas por el INE, en dicha fecha existían en nuestro país 8.124 municipios, que se podían clasificar por su población en los siguientes grupos:

- Población inferior a 101 habitantes: 1.360 municipios.
- Población de entre 101 y 500 habitantes: 2.627 municipios.
- Población de entre 501 y 1.000 habitantes: 1.008 municipios.
- Población de entre 1.001 y 2.000 habitantes: 877 municipios.
- Población de entre 2.001 y 3.000 habitantes: 479 municipios.
- Población de entre 3.001 y 5.000 habitantes: 474 municipios.
- Población de entre 5.001 y 10.000 habitantes: 543 municipios.
- Población de entre 10.001 y 20.000 habitantes: 351 municipios.
- Población de entre 20.001 y 30.000 habitantes: 150 municipios.
- Población de entre 30.001 y 50.000 habitantes: 110 municipios.
- Población de entre 50.001 y 100.000 habitantes: 82 municipios.
- Población de entre 100.001 y 500.000 habitantes: 57 municipios.
- Población de más de 500.000 habitantes: 6 municipios. 

Por lo tanto, si agregamos dichos datos comprobamos que 6.825 municipios españoles tienen menos de 5.000 habitantes (84,01%) y 4.995 pueblos no alcanzan ni siquiera los 1.000 vecinos (61,48%).


Si analizamos los datos por comunidades autónomas, resulta que existen 6 comunidades autónomas en las que los pueblos inferiores a 5.000 habitantes superan el 80% de sus municipios (Castilla y León, Aragón, La Rioja, Navarra, Castilla-La Mancha y Extremadura, por ese orden) y dos más en las que las cifras se aproximan a dicho porcentaje (Cantabria, con 79,41% y Cataluña, con 77,72%). 


Agrupando lo datos por comunidades autónomas, se determina también que existen 3 autonomías en las que los municipios con población inferior a 1.000 habitantes superan el 80% de los existentes en su territorio (Castilla y León, Aragón y La Rioja, por ese orden).



Cifras oficiales de población resultantes de la revisión del Padrón municipal a 1 de enero
Resumen por comunidades autónomas

Distribución de los municipios por comunidades y ciudades autónomas y tamaño de los municipios.
Unidades: Municipios


Total Menos de 1.000 habitantes Porcentaje Menos de 5.000 habitantes Porcentaje
2018



Total Nacional 8.124 4.995 61,48 % 6.825 84,01 %
01 Andalucía 778 216 27,76 % 521 66,97 %
02 Aragón 731 627 85,77 % 707 96,72 %
03 Asturias, Principado de 78 18 23,08 % 47 60,26 %
04 Balears, Illes 67 6 8,96 % 28 41,79 %
05 Canarias 88 1 1,14 % 29 32,95 %
06 Cantabria 102 36 35,29 % 81 79,41 %
07 Castilla y León 2.248 2.002 89,06 % 2.189 97,38 %
08 Castilla - La Mancha 919 641 69,75 % 845 91,95 %
09 Cataluña 947 490 51,74 % 736 77,72 %
10 Comunitat Valenciana 542 224 41,33 % 387 71,40 %
11 Extremadura 388 217 55,93 % 353 90,98 %
12 Galicia 313 32 10,22 % 200 63,90 %
13 Madrid, Comunidad de 179 47 26,26 % 98 54,75 %
14 Murcia, Región de 45 2 4,44 % 8 17,78 %
15 Navarra, Comunidad Foral de 272 189 69,49 % 251 92,28 %
16 País Vasco 251 101 40,24 % 180 71,71 %
17 Rioja, La 174 146 83,91 % 165 94,83 %
18 Ceuta 1 0 0,00 % 0 0,00 %
19 Melilla 1 0 0,00 % 0 0,00 %
Fuente: elaboración propia a partir de datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística


Es decir, que la planta municipal española se caracteriza por su minifundismo y por la existencia de muchos municipios cuya supervivencia no está garantizada a largo plazo, por tener actualmente menos de 500 habitantes (casi el 50% de ellos). 

NOTA: Realizo las agregaciones en municipios inferiores a 5.000 y 1.000 habitantes porque en los municipios inferiores a 5.000 empadronados es donde desempeñamos nuestra función los/as secretarios/as-interventores/as y en los municipios de menos de 1.000 habitantes es donde solemos actuar a través de agrupaciones de Secretaría (es decir, varios municipios que se agrupan para el mantenimiento conjunto del puesto de Secretaría-Intervención por su bajo nivel de recursos y por el -supuestamente- inferior nivel de actuaciones a llevar a cabo). 



La normativa de aplicación


A pesar de esta diversidad de municipios existentes en función de su población, nuestra normativa sólo prevé 3 fórmulas de organización y funcionamiento para los municipios:

- Los municipios de régimen común.

- Los municipios de gran población (aquellos municipios que cumplen los requisitos del artículo 121 de la LRBRL). 

- Los regímenes especiales de los municipios de Madrid (regulado en la Ley 22/2006, de 4 de julio, de Capitalidad y de Régimen Especial de Madrid) y de Barcelona (regulado en la Ley 1/2006, de 13 de marzo, por la que se regula el Régimen Especial del municipio de Barcelona).

Es decir, que la normativa de aplicación a los municipios y sus ayuntamientos, a grandes rasgos, es la misma para un municipio de 500 habitantes que para un municipio de 30.000 habitantes. Tanto el uno como el otro deben tener su alcalde, sus concejales, su Pleno, elaborar sus actas, aprobar su Presupuesto, rendir su Cuenta General, aprobar sus ordenanzas, realizar sus contrataciones, gestionar a su personal, prestar sus servicios mínimos en función de la población, etc.

Pero claro, la situación no es la misma en un municipio que en el otro.

Y en las agrupaciones de Secretaría-Intervención la situación es aún más extrema. Hablamos de municipios normalmente inferiores a 1.000 habitantes en los que el titular de la Secretaría-Intervención asiste habitualmente de 1 a 3 veces a la semana al ayuntamiento (es decir, entre 4-5 y 12-14 veces al mes). Además, la misma persona presta sus servicios en otros 2 o 3 ayuntamientos más, en los que tiene el régimen de dedicación complementario.

Y así, el/la secretario/a rural de agrupación tiene que elaborar anualmente 2/3 presupuestos, elaborar y rendir 2/3 Cuentas Generales, tiene que contratar los suministros, servicios y obras de sus 2/3 municipios, tiene que rellenar las plataformas del ministerio de todos sus municipios, tiene que convocar sus 2/3 Plenos y redactar sus actas... y por el camino no debe perder la cabeza, sabiendo en qué ayuntamiento está cada día y cuál es su alcalde/esa a fin de redactar correctamente sus documentos administrativos. Digo esto último porque el hecho de cambiar cada día de centro de trabajo puede llegar a ser muy perturbador y dar lugar a múltiples errores, porque los que realizamos este trabajo aún somos humanos.

Y sí, es verdad que los problemas y expedientes a tramitar en unos y otros municipios son muy similares y se aprovechan las soluciones y esfuerzos realizados en un ayuntamiento para resolver las situaciones de los demás, pero... ¿no sería más razonable tramitar un sólo expediente de contratación del suministro de material de oficina que alcance un cierto volumen económico que tramitar uno por cada municipio de tan pequeño importe que no obtenga proposición alguna? ¿No tiene quizá más lógica elaborar un sólo presupuesto por valor de 1.000.000 euros que 3 presupuestos por valores de 500.000, 300.000 y 200.000 euros?


Yo también quiero mi presupuesto
¡Es injusto!

Una posible vía de solución

Las soluciones aportadas por el temario de la oposición (las fórmulas asociativas de prestación de los servicios públicos, tales como comarcas, consorcios o mancomunidades y la asistencia y cooperación de las diputaciones) sólo resuelven en parte el problema, ya que sí que permiten prestar servicios a los municipios pequeños sin necesidad de contar de forma individual con todos los medios necesarios para ello, pero no resuelven el hecho de duplicar otros costes inherentes a la división del territorio en micromunicipios: los expedientes a tramitar se siguen duplicando o triplicando, se duplican o triplican también los gastos generales de mantenimiento del ayuntamiento (electricidad, agua, limpieza y mantenimiento, ascensores...), cada consistorio debe tener su propio personal administrativo y técnico, cada ayuntamiento debe pagar sus retribuciones a los miembros de las Corporación... y es demasiado gasto que no revierte directamente en un mejor servicio al ciudadano.

Porque no debemos de olvidar que el principio de subsidiariedad recogido en el artículo 4.3 de la Carta Europea de la Autonomía Local de 15 de octubre de 1985, aunque es importante, también viene matizado por la eficacia y la economía ("El ejercicio de las competencias públicas debe, de modo general, incumbir preferentemente a las autoridades más cercanas a los ciudadanos. La atribución de una competencia a otra autoridad debe tener en cuenta la amplitud o la naturaleza de la tarea o las necesidades de eficacia o economía").

Y aquí es donde me uno a la reivindicación de otros compañeros que vienen promoviendo desde hace tiempo la fusión obligatoria de los micromunicipios y centrar su gestión en conjuntos de población de al menos 5.000 habitantes, que puedan garantizar unos servicios y una gestión administrativa de calidad a sus habitantes (siempre que dichas fusiones no supongan que los ciudadanos, para tratar un asunto administrativo, deban desplazarse a más de 30-40 minutos de su casa). Estos servicios de calidad garantizarían la fijación de la población en los municipios pequeños y evitarían que sus vecinos disfrutaran de unos servicios de peor calidad que los que existen en municipios más grandes, aún soportando una mayor presión fiscal.



En materia de fusión de ayuntamientos 1+1 son 7

Entre los más acérrimos defensores de esta idea, está el secretario de administración local Alejandro de Diego, al cual sigo con interés desde hace tiempo a través de su blog y el cuál lleva defendiendo esta medida desde hace años, habiendo estudiado a fondo el asunto y habiendo llegado a redactar una propuesta formal para la fusión no traumática de ayuntamientos, brillantemente respaldada con datos. Podéis leer su propuesta de fusión no traumática de ayuntamientos aquí.

Otro blog en el que se apoya claramente esta medida es el siguiente: Fusión de Municipios de España, que también incluye una propuesta de municipios resultantes de la fusión.

Apoyo incondicionalmente la propuesta, a pesar de que podría suponer una reducción notoria del número de ayuntamientos y, simultáneamente, del número de posibles destinos para los habilitados nacionales existentes, sobre todo para los de la subescala de Secretaría-Intervención en la que me encuentro. Pero pienso que también podría ser una oportunidad para solventar el problema de la escasez de habilitados nacionales que existe actualmente y que exponía en mi entrada El acceso a la secretaría rural: un camino de rosas y espinas, así como una importante medida para mejorar el bienestar de los ciudadanos de los pequeños municipios y para luchar contra el éxodo rural. 



Apoyo de las instituciones

Y a pesar de mi apuesta clara a favor de las propuestas de los compañeros y de lo razonable y favorable que considero que sería su aplicación para la administración local española, debo reconocer que dichas propuestas no han obtenido la respuesta y repercusión esperadas.

El único gobierno que llevó a cabo una política favorable a la fusión de los ayuntamientos fue el gobierno del Partido Popular durante los años duros de la crisis, en los que se aprobaron medidas de promoción de las fusiones voluntarias, sobre todo de carácter económico. Pero dichas medidas no tuvieron gran acogida, pues 10 años después de la explosión de la burbuja financiera en España el número de municipios actual no es inferior al existente antes de la catástrofe, sino que es superior.

Pero claro, es que la fusión de municipios supone una reducción muy clara del número de concejales y alcaldes, y eso es difícil que ningún partido político lo apoye, aunque sea bueno para el conjunto de la ciudadanía.

De hecho, la Federación Española de Municipios y Provincias no ha apoyado dicha vía de solución del problema del minifundismo en España, sino que ha optado por crear una Comisión de Despoblación, ha elaborado un documento de acción con medidas a aplicar contra la despoblación y ha organizado varios Congresos Nacionales de Despoblación, pero en absoluto ha apoyado la fusión de ayuntamientos. De hecho, su presidente Abel Caballero (alcalde de Vigo por el PSOE) ha calificado la propuesta de fusión de ayuntamientos de ocurrencia de Rajoy y Montoro. Pero... ¿qué cabría esperar de una asociación de municipios en los que sus participantes son mayoritariamente alcaldes?

Y con las medidas y decisiones adoptadas por la FEMP, con escasa repercusión efectiva en la práctica, vemos como la población de los pequeños municipios no deja de decrecer y decrecer, y que los datos año tras año son más y más alarmantes, hablándose cada vez más de la España vaciada.

A veces, es necesario aplicar medidas diferentes para obtener resultados diferentes.

¡Nos leemos!



¿Fusionar ayuntamientos? Menuda ocurrencia...